La casa de mis, tus, nuestros sueños

Todavía no sabían si la panza era de uno o de dos, de mujer o de varón. Ni siquiera les habían dicho a los chicos, para no llenarlos de ansiedad. Pero fue ver ese terreno e imaginarse en el barrio, aunque les faltaran algunos datos. No hablaban de otra cosa. Soñaban con su futura vida, hacían chistes, se imaginaban dónde pondrían cada mueble.

Lucho le propuso a Xime que cada uno, por su cuenta, hiciera el plano de la casa de sus sueños y los compararan a los dos días. Así lo hicieron.

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-¿A ver? Dale, mostrame.

-Mirá- dijo Ximena, orgullosa de su genial diseño.

-Mmmmmmmm. ¿Acá es donde vamos a jugar a ahorcado?

-Noooo, pavo, eso es la ducha.

-Ahhhh, ok, ok. ¿Y esto enorme es el living?

-¡Noooooo! ¡El vestidor! Y acá la huerta, en el jardín, obvio.

-¿Abajo del balcón? ¿No necesita mucho sol?

Se enojó la Negra. Y mucho. Le sacó el dibujo de un manotazo.

-¿A ver, vos, César Pelli, qué pensaste?

-Esto. Cancha de fútbol, pileta, quincho y parrilla.

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-¿Juegan al fútbol y cuando están bien sucios se tiran a la pileta? Mirá qué buena idea… ¿Y mi huerta?

-Ehhh, ya le vamos  encontrar un lugar. Y en la casa, un gimnasio.

-¿Para qué, si tenés todo para estar afuera y correr?

-Para cuando llueva. Y también un bar y una cava.

-¿Una cava? ¡Si no distinguís botella de damajuana, vos!

Ay, eso le dolió en el orgullo. Se acabó el consenso y se acuchillaron con los ojos.

Estaban espalda contra espalda cuando pasó Joaco, y les dio su propio dibujo.

-Esta es la casa que Nico y yo queremos.

La miraron los dos, con extrema atención.

dfff-Qué linda, Joaco. ¿Es un iglú?

-No, es como la casa en la que vive Schumi. Nos metemos los cuatro y estamos juntos. Con Schumi cinco.

A veces nos desenfocamos ¿no es cierto? Y tiene que venir un asesor de 4 años a mostrarnos lo que importa.

Lucho y Xime lo abrazaron y repensaron muchas cosas. Faltaba bastante para esa instancia, pero podían empezar por prestar atención e ir anotando lo que realmente iban a querer tener en la casa de sus sueños como familia.

Aburrido del abrazo, Joaco se escurrió y se fue corriendo a jugar, pero antes de llegar al pasillo les gritó:

-Ah, y me olvidaba: con la bebé vamos a ser seis.